El campo electrostático de baja frecuencia generado por el dispositivo, que se establece entre la superficie del cuerpo del paciente y la mano de un profesional sanitario (o el aplicador) conectada a los polos opuestos, cuando se mueven los electrodos, contribuye a la polarización de las moléculas en los tejidos de la zona expuesta. Los dipolos resultantes, debido a un cambio en la polaridad del campo eléctrico, realizan movimientos oscilatorios. Debido a las contracciones rítmicas (fluctuaciones) con una frecuencia determinada en las capas subyacentes de la piel, el tejido subcutáneo y las fibras musculares, el paciente percibe una cierta vibración, cuya naturaleza e intensidad dependen de los parámetros de exposición.
Los impulsos electrostáticos provocan un aumento de la fricción entre los distintos tejidos, que se resisten elásticamente a esta influencia durante los intervalos entre pulsos. Como se ha mencionado anteriormente, el proceso oscilatorio en la piel y el tejido subcutáneo se propaga secuencialmente a los tejidos subyacentes, lo que proporciona una profundidad de efecto terapéutico suficientemente grande. Así, según algunos investigadores, dependiendo del modo elegido, la profundidad de penetración puede alcanzar los 8 cm. Con unos parámetros de exposición adecuadamente seleccionados, esto ayuda a restaurar la elasticidad y a mejorar el estado funcional de los tejidos, así como a reforzar la hemodinámica local y la microcirculación.
La frecuencia de vibración (frecuencia de los impulsos) durante los procedimientos (frecuencia de los impulsos bipolares de salida) se preajusta en el aparato y se sitúa en el rango de 5 a 250 Hz
Actualmente, a partir de numerosos estudios clínicos experimentales y basándose en las características físicas de la terapia electrostática de baja frecuencia, se ha establecido que este método
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