Asimismo, el pulido es un paso importante en el mecanizado del metal. Un pulido estable garantiza no solo un resultado de alto brillo, sino que además contribuye a la durabilidad de la restauración. Una superficie altamente lisa es más resistente a los sedimentos y facilita la limpieza. Las adhesiones bacterianas y las acumulaciones de placa son mucho menores en una superficie pulida. Para lograr esta elevada calidad de la superficie, se emplean instrumentos especiales para el pulido metálico. En función del material (metal noble, no noble, esqueléticos o titanio) se ofrecen diferentes herramientas de pulido.
Existen distintos pulidores para el prepulido, el pulido de brillo y el pulido de brillo intenso, que pueden seleccionarse en función de las necesidades y el material. El resultado depende enormemente del uso correcto de estas herramientas: El calentamiento elevado, que puede dañar el material, se evita de forma efectiva respetando el par de torsión recomendado.